miércoles, 22 de junio de 2016

Terry Bogard 1996


Una parte de mi presente esta consistiendo en volver atrás. Muy atrás. Y desde ahí, volver caminando al ahora. Busco entender lo que me lleva a ser quien soy. Observando el historial de eventos hay un patrón que se repite cada diez años; un periodo de crisis, muerte o mutación. Generalmente provocado por la acumulación de eventos desafortunados como una enfermedad, ya sea de una familiar o mía, el corazón roto por desamor o el final de una amistad, junto con la vuelta al aislamiento, y la avalancha de pensamiento que acompaña a la soledad (entre otras cosas).

Disfruto el encuentro con este dibujo. Es un viejo de 20 años que tiene mucho para contar; un viaje que me traslada a mis 15 años de pelear a la soledad, dibujando, ejercitando diariamente para querer ser mejor. No era tan bueno como quería, sigo sin serlo, pero en la practica constante mejoraba, con cambios imperceptibles que me hacían un poquito mejor.

Ese 1996 estuvo lleno de tumbas donde no todos los personajes habían derrotado a sus enemigos en una pose de victoria. Pero quizás, al dibujar a Terry de esa forma,  ya se había ganado un posible cambio de actitud. Cuando empezó el jardín de Ochopante en el 2006 toda flor se dio por una explosiva transformación previa. El mismo jardín, hasta ese entonces, siempre había sido un cementerio. Y, cada cosa que estaba surgiendo, brotó de cada muerto. Para eso vuelvo atrás, para revivir muertos y matarlos de nuevo. Convertirlos en combustible del presente para ponerlo en movimiento.

Este 2016 todavía esta aturdido por los eventos del 2015. Las consecuencias han sido nefastas para mi mundo interno. Estoy un poco mas solo que antes. Me han decepcionado quienes se decían amigos. Vivo los días enojado y con miedos que ni quiero nombrar; algunos reveladores, otros irracionales y paralizantes. Miedo de que los daños internos sean irreparables ya que siento que no estoy sientiendo de la misma manera. Estoy demasiado cuidadoso y muy paranoico con todo. El mundo reclama que sacrifique al niño. Pero sin el niño no se quien soy; y sin el cambio no sabré como es el hombre que quiero ser hoy.